Lunes, noviembre 20, 2017
La Gente de Huehue

Por: Mauro Guzmán Morales

El recuerdo que tengo de Chus Garza, el el de un hombre alto, enjuto, que usaba gorra con visera, dicharachero, piropeador y bullanguero, sobre todo cuando andaba sarao, como se dice.

Era vaceador de cantinas y es probable que en una de esas “fugas geográficas”, de que hablan los Alcohólicos Anónimos haya decidido abandonar la ciudad en busca de nuevos vientos acompañado de su numerosa prole.

Pasaron muchos años sin dejarse ver por estos lares. Cuál entonces sería la sorpresa cuando en una noche de coronación de las Fiestas Julias, escuchamos que un hombre alto y enjuto con corra de viera se removía emocionado en la galería del viejo Teatro Municipal, lanzando vivas a Huehuetenango, a la Reina y a todos quienes se le ponían enfrente.

– Viva Huehue! Viva nuestra Reina de las Fiestas Julias! Viva mi tierra y que viva yo, Chus Garza, veinte años de no ver a mi Huehue! Chulo mi lindo Huehue! Que vivan los huehuetecos!

Y entonces se dejaron llover silbidos, aplausos y vivas y mas vivas de toda la concurrencia.

Teatro
Fotografía Antigua del Teatro Municipal. Utilizada con fines ilustrativos para el artículo.

Pero en tanto Chus Garza seguía su algarabía de recién retornado a su tierra, abajo en uno de los palcos el Gobernador mas gordo que ha tenido Huehuetenango, hizo señas a un policía que custodiaba su palco, algo le dijo al oído y minutos después Chuz Garza era sacado de “zopilotío” por unos policías. Bajando aquellas viejas y angostas gradas se oía claramente la voz gritona de Chus diciendo: “Ay de mi Huehue! Pero que pura mierda es Huehue!

Ante el honorable que abarrotaba el teatro, un hombre desbordando alegría por retornar a su tierra, fue sacado y dejado a media calle. Un guardia le tiró de lejos aquella característica cachucha con la que acompasaba sus vivas enérgicos de huehueteco a cuyo pueblo, después de veinte años, le resulto un verdadero extraño.


Mauro Guzmán Morales (+) Locutor, escritor e historiador.
Publicado en Nosotros la Gente de Huehue 1997.

 

GumercindoCoverHuehuetenango cuenta con una gran lista de compositores que han dado vida a muchas de las más conocidas melodías tradicionales de Guatemala. Uno de ellos Gumercindo Palacios Flores. Destacado músico que nació en la aldea Jumaj dentro de la cabecera departamental de Huehuetenango el día 9 de Julio del año 1904. Hijo de Juan José Palacios y Vicenta Flores.

Don Gumercindo se sintió llamado a los círculos musicales, y específicamente a los de la marimba, apenas a los diez años de edad, actuando por vez primera en el conjunto que en aquel entonces se llamó “Las Chorchas”. Debido a su excepcional talento musical, muy pronto fue llamado por otros dos grandes Maestros del Conservatorio los hermanos Eliseo y Simón Castillo para integrar el conjunto de marimba “Andina” en donde actuó por varios años. Cuando tocaba en dicho conjunto y a la edad de solamente doce años tuvo la inspiración para crear su primera melodía “Sueños amorosos”.

En 1921 toda su familia se ve obligada a emigrar a México, al estado de Chiapas y durante los siguientes 18 meses para poder sobrevivir, él junto a su padre y hermano Leandro fabricaron una marimba propia con madera que fue posible encontrar en la localidad. Este instrumento fue el que con el tiempo se convertiría en el famoso y célebre conjunto de marimba “Río Blanco” o de “Los Hermanos Palacios”.

GumercindoPalacios
Gumercindo Palacios Flores

Al retornar del exilio, Gumercindo Palacios se enamora y contrae matrimonio con quien fuera su compañera de toda la vida Doña Soledad Chávez de Palacios, en quien fuera inspirado el vals “Soledad”. Un tiempo después escribió la pieza “Lagrimas de Telma” que por muchos años y hasta la fecha es una de las melodías favoritas del auditorio guatemalteco y ha sido interpretada y grabada por diversos conjuntos musicales del país a través de los años y por ello también escuchada en todos los ámbitos de la república como si se tratase del himno sentimental de la marimba.

Más tarde, Don Gumercindo recibió clases de solfeo con otro de los prominentes talentos musicales el Maestro Jesús Tánchez lo cuál le sirvió para extender su repertorio musical. Muchas de sus sensitivas melodías fueron dedicadas a familiares, amigos, entidades o eventos sobresalientes de Huehuetenango, destacando entre muchas “Migdalia Azucena”, “Aura Marina”, “Nora Zilda”, “Flor de Luz”, “Himno a las Fiestas Julias”, “Olímpico”, “Mayra y Sergio” y el que sería un homenaje póstumo a su compañera de toda la vida “Flores para mi Cholita”. Incluso en cierta ocasión y después de haber estado gravemente enfermo, compuso el blues “Los Jorges” el cuál creó en gratitud a tres eminentes médicos de aquella época (Jorge Altuve Arriola, Jorge Vides Molina y Jorge Calderón Taracena) quienes lo atendieron . Además en su extenso repertorio de creaciones existen también algunas piezas de música con estilo autóctono, de las cuáles se distinguieron “Loro y pájaro”, “El Chepus” y “Los leoncitos”.

GumercindoFCDurante toda su trayectoria artística fue reconocido por instituciones locales, regionales y nacionales como uno de los mas prominentes talentos de Guatemala ya sea como músico, compositor o ejecutor de la marimba. Uno de los más destacados reconocimientos de la época fue el que otorgara en el año 1978 el Canal 11 de la Televisión Nacional a través del desaparecido programa “Campiña” que era en aquel entonces el más importante para la difusión cultural y el entretenimiento en todo el país. En dicha ocasión se transmitió un programa especial desde la ciudad de Huehuetenango acerca de él, su vida y su composición “Lágrimas de Telma”.

En 1982 fue también homenajeado en el V Festival Nacional de Marimbas y en ese mismo año la Asociación Guatemalteca de Autores y Compositores le condecoró con la Medalla de Oro. En aquellos años las comunicaciones digitales y globales no eran siquiera algo imaginable y la en cambio la difusión radial era lo que determinaba la importancia de los eventos en el país o fuera de él. Es por ello que cuando los guatemaltecos residentes en Estados Unidos también rindieron homenaje a Don Gumercindo Palacios, aquel evento fue considerado de gran relevancia para lo que era posible alcanzar en la época. Lo que equivaldrá ahora a un “trending topic” en el Tweeter probablemente. Esto sucedió en el programa “Esta es Guatemala” en Los Angeles California a través de Radio Coffee y Radio Recuerdos, ambas de carácter latino. Dicho programa fue retransmitido por diversas emisoras locales y nacionales. Debido a su larga trayectoria, reconocimientos y como una persona destacada para la comunidad huehueteca la Corporación Municipal de Huehuetenango le dio el título en 1986 de “Ciudadano Excelente”, como un ejemplo del aporte de su talento e inspiración personal a la música nacional y la vida de cada guatemalteco.

Fue precisamente en aquel año de 1986 que el insigne músico, compositor y marimbista falleció, dejando un vacío irremplazable en los círculos musicales y por supuesto familiares. Huehuetenango vio así partir a unos de los últimos genios musicales que ha dado el departamento. Muchos homenajes llegaron posteriormente a su muerte. Tres días de duelo fueron decretados por el Gobierno Central y en la ciudad cabecera de Huehuetenango el pabellón fue izado a media hasta. En un acto oficial se proclamó el Acuerdo Municipal donde se le declaraba “Hijo Predilecto de Huehuetenango”.

Como legado de su inspiración, talento y amor por la música quedan hoy todas las composiciones que se escuchan de generación en generación en diferentes emisoras en todo el país y fuera de él, cuando un guatemalteco vuela con su sentimiento a través de todas las emociones que le produce Guatemala, al escuchar la marimba con las melodías del huehueteco Gumercindo Palacios Flores.

“Lágrimas de Telma” · Composición: Gumercindo Palacios Flores – Letra: Adalberto Herrera Castillo

Interpretación: Marimba Chapinlandia

Qué gratos son los recuerdos,
cuando se tuvo un querer,
una ilusión, un sueño
que hoy, nos habla del ayer. 

Qué tristes son para el alma
las notas de una canción,
cuando llegan en la calma
a perturbar el corazón. 

Recordar algún querer
es otra vez volver a amar,
recordar es perdonar,
es suspirar por el ayer. 

Comprobar con ilusión
que al corazón le pertenece,
recordar también es insistir,
es seguir siendo fiel hasta morir!

Ay corazón!, te sientes triste,
porque ya no existe
aquella ilusión.
Ay corazón!, por eso mi canto
es el llanto de la evocación. 

 


Artículo escrito con información que concedieron en entrevistas personales algunos familiares de Don Gumercindo Palacios. 

Allá por la década de los años 60, en el Huehuetenango de las fotografías blanco y negro todavía, camino y saludó por las apacibles calles de la cabecera departamental, un personaje bastante auténtico y por ello singular y único. De los personajes que viven en su día a día la simple propiedad del “ser” lo que se es. Sin vacilaciones. Y éste lo fue, el humilde pastor Teodoro Moreno. Mejor conocido en el mundo de las historias locales como “Toyoyo Moyeno”. Desconocido para las generaciones que dieron los primeros pasos después de los años ochenta. Pero recordado por los que ahora son las generaciones mayores y eventualmente por quienes tuvieron la fortuna de tener padres y abuelos que relataron la historia.

toyoyoretratoToyoyo Moyeno, para quienes nunca escucharon hablar de él, fue un pastor que se paseaba por las calles de la ciudad acompañado siempre de un rebaño al cuál guiaba a través de las contadas calles y avenidas del Huehuetenango de antaño. Por ello se hizo conocido entre todos los habitantes de la ciudad que en aquellos años aún no veía circular gran cantidad de vehículos.

La celebridad de dicho personaje aumentó después de que protagonizara lo que fue un inesperado pero cómico pasaje durante la representación del calvario de Jesucristo, en la Semana Santa. Y según la tradición oral de las historias de los abuelos, lo que relatan que sucedió fue lo siguiente.

Toyoyo Moyeno, era no solo de un corazón noble y servicial sino que también un alma amigable y sencilla. Platicador y saludador como pocos, sin diferenciar credo ni estatus. El no sabía de esas cosas. Llego al mundo con la desventaja no solo de la pobreza sino con problemas físicos en el habla, lo cual difícilmente era tratado en aquellos tiempos. Esto sin embargo no parecía ser un problema grave para la personalidad de éste personaje. El mote con que se le conoce “Toyoyo Moyeno” (Teodoro Moreno) proviene precisamente de la dificultad para pronunciar su propio nombre cada vez que alguien se lo preguntaba.

Sumergido en su propia labor de pastoreo, don Teodoro sin embargo desarrolló una capacidad para ganarse la simpatía de los transeúntes, esto por las continuas conversaciones que mantenía con su rebaño de vacas. Algunas de sus frases célebres, que se grabaron el la mente de los parroquianos fueron: “Bajáte de la aceya, puya señoyita pareces!”, “Solo la cayteyita te hace falta vos!”

Hubo un tiempo en el que Toyoyo quiso formar parte del grupo de teatro que representó la crucifixión durante la Semana Santa. Aquellos actos se realizaban entonces en el parquecito del Calvario. Como ha sido costumbre, quienes representaban al Cristo y los ladrones bueno y malo, eran atados a las cruces y elevados a unos 4 metros de altura, frente a la fachada de la Iglesia del Calvario.

En una de esas representaciones, y muy probablemente la última donde participó, a Toyoyo le sucedió lo que dio origen a la anécdota que el pueblo jamás olvidó debido al inesperado desenlace de su aparición. Cuando la obra de teatro seguía su curso normal, luego de caminar por las calles, como es sabido los protagonistas fueron asegurados a las cruces y posteriormente elevados frente a la iglesia. Todo el público presenciaba con atención el acto, que era un evento importante para la ciudad en aquel tiempo. Quien representaba el papel de Jesucristo se disponía a iniciar con las frases históricamente conocidas, nadie había reparado en el incómodo ladrón malo que solo hasta entonces no pudo contenerse y ante la sorpresa de todos habló con voz urgente: “Bájenme! Bájenme que me oyino” Todos empezaron a reírse. Y Toyoyo, libre de formalismos y protocolos respondió al ver la reacción pública: “Bájenme pisayos!” “Bájenme!” “El otro año cueygan a sus mayes!” Imposible, dicen quienes aún lo recuerdan, era contener la seriedad ante inesperado evento. Lo que pasó después era lo de menos ya que éste momento fue el que se grabó en el recuerdo de los abuelos.

Obviamente, la popularidad de Toyoyo aumentó después de éste suceso, sobre todo en el histórico barrio de Minerva, por Las Marimbitas y en Los Colchones, lugares aledaños a donde Toyoyo vivió. Seguramente nadie de los que presenciaron la anécdota, la ha olvidado. Estas historias, contaban los abuelos.

Por: Vicky Ramos (+)

No se de quien aprendimos a retorcer las palabras, de allí que yo le decía Chituco y el me decía a mi Kikaivi. Primos en grado lejano, pero de afecto casi hermanos, aunque pensándolo mejor: hermanos, vecinos y amigos. El, mayor que yo, de su escuela primaria casi no doy razón pues supe de su existencia hasta que empezaron a hacerse famosos -no sé porqué- con otro amigo que se llamo Fito Flores. A esas alturas de la vida, las diferencias de edad, que aunque son cortas, las personalidades y los intereses propios las hacen enormes. Eramos uña y carne con Chapupo (Heberto García) y Axel “La leona” Funes, pero andábamos medio frustrados porque en nuestra escuela nunca nos convocaron al equipo de fútbol. Habían mejores.

Nos enorgullecía ser primos de Chito Guillén porque en ese tiempo su sombra sonaba en serio en el fútbol. Aunque muy polifacético porque también fue ciclista destacado, cronista y locutor deportivo, basquetbolista, fisico-culturista, chatarrero y camorrero.

Hasta quiso de hacerla de “Quijote” y se compró un caballo, noble, color amarillo nostalgia al que llamó “Rosinante” y que nos sirvió muchas veces de transporte de carga para nuestras excursiones inolvidables a Sarchil, en las cuales siempre Chito hizo de encargado de disciplina.

Una vez, en la esquina del Calvario, estando juntos Axel, Chapupu y yo Vicky, vimos venir a Chito y casi al mismo tiempo le preguntamos: Qué pasó con Rosinante? Y Chito nos contestó: “Estaba enseñándolo a no comer tanto! Casi había aprendido y se murió!” dijo. Luego se tiró una carcajada y se fue. Así era, bromista siempre.

Vicky Ramos (+) Profesor y entrenador de fútbol.


Por William Gari Villatoro

Guardo como un tesoro un sencillo cuaderno en el que Chito Guillén dejó estampado su entusiasmo y alegría de vivir. Quizás porque presentía que la vida, poco a poco, se le escapaba de las manos. Aún puedo recordarle en sus últimas Fiestas Julias, trabajando como todo un cronista deportivo al lado de Alejando López Vásquez (+), Gumercindo Castillo y todos quienes conformaban aquella histórica radio TGAG Voz de Huehuetenango, a la que tanto quiso.

RealSociedadLa vida se le iba en cada suspiro, pero aun sabiéndolo mostraba persistencia y valor para enfrentarla hasta el último instante. Juntos en el estadio Kaibil Balam, en el gimnasio huehueteco y tantas veces en el estadio Mateo Flores, Chito era el compañero inseparable de las jornadas deportivas. Era polifacético en el deporte.

Sin duda alguna el atleta más completo que tuvo Huehuetenango por mucho tiempo. Pionero del ciclismo, futbolista rompe-redes que integró las filas del Xelajú Mario Camposeco en sus mejores épocas. Amante del físico-culturismo, pero sobre todo de la enseñanza.

En estas líneas, recordaremos al ejemplar Víctor Manuel Guillén Méndez, quien dejó su nombre escrito en las páginas históricas de nuestro deporte huehueteco.


William Gari Villatoro · Cronista y Periodista de la ACD.

Artículo publicado en Nosotros la Gente de Huehue · 1997

“EL QUE NACIO PARA TRISTE… NI BOLO PEGA UN GRITO!”

filomenoretrato
Don Filomeno Herrera (+)

Don Filomeno Herrera, mejor conocido como “Tío Meno” fue el creador de esta singular frase. Tío Meno fue otro de aquellos singulares huehuetecos nobles y de gran corazón que sentía mucho aprecio por su lugar de origen e igualmente por todos los nacidos en la tierra que los hermanaba.

Quienes le conocieron habrán de recordad la amabilidad que le caracterizó desde siempre, o como generalmente dicen era uno de aquellos hombres con “don de gentes”. Su infinita sonrisa y carácter amigable le hicieron inspirar confianza a propios y extraños. Durante más de 12 años trabajó en las antiguas oficinas del transporte que por décadas fue conocido como “Rápidos Zaculeu”. En la simplicidad de una vida dedicada al trabajo y el vivir diario de los huehuetecos de antaño, dio un profundo ejemplo de humildad, sencillez y cooperación para quienes le necesitaron.

Una breve reseña de un hombre que con su ingenio dejó una frase coloquial a los huehuetecos.


 

 

MUCHOS TIENE ALGO QUE COMPARTIR

Huehuetenango tiene características únicas acerca de su tradición. Especialmente historias, dichos y personajes que forman parte de recuerdos que con el paso de los años se han convertido en el legado cultural del lugar. Cada huehueteco tiene anécdotas que compartir, y algunas de ellas son trascendentales y que por su originalidad merecen ser compartidas. Si querés contar algo que muchos no saben o que ya han olvidado, te invitamos a divulgarlo a través de este espacio. 

Tal vez muy pocos conocen la historia de un huehueteco que fue muy sobresaliente para la época. Estamos hablando de la década de la revolución, durante el siglo pasado. Y nuestro personaje lamentablemente solo contó con pocos años para hacerse destacar, sin embargo, a pesar de ser escasa la longitud de su vida, sirvió para dejar su historia grabada en los acontecimientos memorables de Guatemala.

Nacido el 10 de Noviembre de 1923 en la ciudad de Huehuetenango. Hijo primogénito de Jacinto Sosa Alvarado y Elisa Morales, le llamaron Juan Humberto Sosa Morales. Estudiaba en el todavía existente Colegio La Aurora y posteriormente en el Instituto Nacional Central para Varones, en la ciudad capital a donde emigra en 1937.  Allí, desde muy temprano se hizo notar en los estudios, cuadros de honor y primeros puestos en concursos de literatura, lengua francesa, oratoria y atletismo. Cuando llego el año de 1941, ahora ya muy lejano, se graduó de Bachiller y fue nombrado el mejor estudiante de aquella promoción, con un magnífico expediente.

Seguidamente, quiso continuar estudios de derecho en la ciudad de México, sin embargo aquello no fue posible pues aun no alcanzaba la mayoría de edad. Optó entonces por ingresar al periódico “El Imparcial”, que ya no existe, y ahí se inició como reportero bajo la tutela del escritor  Joaquín Mendez.

Humberto Sosa
Fotografía publicada en “El Imparcial” 1945

Todo aquel año del 41 estuvo dedicado a su actividad periodística y fue también uno de los fundadores de la “Asociación de Artistas y Escritores del 40”. Cada viernes aparecieron en las páginas de aquel distinguido periódico las crónicas y cuentos que entregaba a la juventud de la época. En uno de ellos “La muñeca de trapo” deja entrever su sensibilidad de artista.

Ya en 1942, viajó con la intención de ingresar a la Facultad de Derecho en la UNAM, en México. Allí se inscribe en una especialización de Derecho Internacional y Laboral. Interesado por los movimientos sociales también en el vecino país continuó escribiendo artículos en diferentes periódicos. En aquel mismo año recibió un premio por el Concurso de Cuento Americano promovido por el diario “El Nacional” con su trabajo “La peña colorada”.

En 1943 obtuvo también un premio en el concurso organizado por una revista  estadounidense sobre temas de Centro América y representó a la “Asociación de Artistas y Escritores del 40” en un congreso americano de “La Juventud contra el Fascismo” con lo cual se hizo “non grato” a la dictadura ubiquista.

Pese a su juventud, conoció y trató a personalidades como Enrique Muñoz Meany, Luis Cardoza y Aragon, Jorge García Granados y otros intelectuales de la época. De tal manera estaba relacionado que en 1944, a la caída del General Jorge Ubico, y dejando sus intereses personales en México, regresó a Guatemala incorporándose inmediatamente al movimiento renovador que culminaría con la revolución de Octubre de 1944.

Colaboró desde entonces en la formación del Frente Popular Libertador y en la organización de Asociaciones de Obreros y Campesinos junto con los reconocidos Bauer Paiz y Barillas Izaguirre. Llegó a ocupar la secretaría del FPL y fue activo redactor del periódico “El Libertador”. A propuesta García Granados figuró como candidato al Congreso Nacional y fue electo diputado a la Asamblea Nacional Constituyente en Enero de 1945. En ambas tuvo destacada participación sin abandonar sus anteriores labores.

A su paso por el Congreso estuvo especialmente comprometido con los asuntos relacionados al trabajo (en la Constitución de 1945) lo cual reflejaba su interés por la justicia social y la clase trabajadora.

Poseía un espíritu sensible y generoso. De sus honorarios en el congreso solamente descontaba pocos gastos personales y el resto lo destinaba íntegramente a obreros y campesinos necesitados que acudían en demanda de ayuda.

Desgraciadamente su paso por la política fue efímero, ya que el gobierno decidió enviarlo como agregado cultural a la embajada de Guatemala en México pues la situación en torno a él era intranquila y se había ganado la animadversión de sectores oscurantistas, por lo que el presidente Arévalo quiso enviarlo a Europa, pero el prefirió irse a México para continuar con su carrera.

Pero Juan Humberto no pudo resignarse nunca a aquel involuntario exilio según puede notarse en las palabras expresadas por carta a un amigo en cierta ocasión: “Quisiera ser un árbol para que arrancándome las raíces de Guatemala, me hubieran arrancado también la vida”.

Salió de Guatemala en Mayo de 1945 y el 7 de Septiembre de ese mismo año rompió su impaciencia y elige terminar con su vida antes de cumplir 22 años. Sus restos mortales llegaron a Huehuetenango para ser sepultados el 21 de Septiembre de 1945, encontrándose hasta la fecha en el Cementerio General.

Refiriéndose a su muerte, el licenciado Alfonso Bauer Paiz citó: “Fue un gigante con alma de niño”. Y la poetisa mexicana Margarita Paz también escribió: “Soñé con Juan Humberto, y al despertar, tuve la sensación de haber arrullado entre mis brazos a un niño”.

Al otro día de su muerte, el periódico “El Imparcial” publicó en primera plana la noticia, la cuál es íntegramente transcrita en el siguiente texto:

Humberto Sosa se suicida en México.  – El Imparcial, 8 de Septiembre de 1945. 

Humberto Sosa, joven y entusiasta luchador, afiliado a las nuevas corrientes sociales y políticas falleció trágicamente en la madrugada de ayer en la ciudad de México donde últimamente desempeñaba el cargo de agregado comercial a nuestra embajada.

Noticia tan inesperada nos hizo dudar al principio de su veracidad, pero desgraciadamente se ha confirmado, causándonos profunda pena y repercutiendo dolorosamente en extensos círculos demuestra sociedad.

Humberto Sosa era originario de Huehuetenango y contaba a su muerte con la edad de 22 años. Con su título de Bachiller y una definida vocación literaria fijó su domicilio en ésta capital en Septiembre de 1942 para continuar sus estudios e ingresó en la planta de redacción de este diario El Imparcial, captándose la simpatía y el aprecio de sus compañeros. Más tarde se marcho a México donde se inscribió como alumno de la Facultad de Jurisprudencia.

En 1943 ganó el concurso de cuentos regionales organizado por el diario El Nacional -México- y continuó después aumentando su prestigio con artículos y narraciones publicadas en México y este periódico.

Representó a la Asociación de Artistas y Escritores jóvenes de Guatemala en la Conferencia de la Juventud por la Victoria en la capital mexicana. Fue redactor de la revista “Acento” y de “El Libertador” de Guatemala.

Después del 20 de Octubre regresó al país para alistarse en las filas de la revolución triunfante en ingresó en el Frente Popular Libertador. Fungió como diputado a la constituyente y al Congreso Nacional por Huehuetenango, hasta Marzo de este año cuando fue nombrado agregado comercial a nuestra embajada en México. Intervino con entusiasmo en la organización de trabajadores y campesinos.

El Imparcial lamenta profundamente este infausto suceso y reitera a la Familia Sosa su pésame, ya expresado en otra sección en este diario.

Pésame de la CTG. La Confederación de Trabajadores de Guatemala por nuestro medio expresa su sentimiento por la desaparición del compañero Humberto Sosa y nos pide presentar su sentido pésame a la Familia Sosa.