Miércoles, septiembre 20, 2017
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Primer avión que llegó a Huehuetenango en la década de los años 20 · De la colección privada del Prof. Jorge Luis Alfaro

Por Jorge Luis Alfaro (+)

“Allá por la década de los 20, estábamos muchos en el parque. La novedad del día era que vendría a Huehuetenango el primer avión, los cuáles no conocíamos más que por las fotografías de la prensa en “El Imparcial” y “El liberal Progresista”. Era grande la expectativa. Todos mirábamos la parte del cielo que daba hacia el sudeste. De pronto alguien gritó: ¡Ahí viene! Y señalaba un puntito que apenas se destacaba en el cielo azul.

-¡Vamos al campo de aterrizaje! Gritó otro. Todo fue oír esto y aquel torbellino de gente -hombres, mujeres y nosotros los niños- salimos corriendo hacia “Las Lagunas”. Cuando llegamos sudorosos y cansados ya había aterrizado. Era una avioneta que le decían “La cucaracha”, de Carlos Morales Cruz. Y no pudimos acercarnos a ella porque estaba rodeada de soldados que impedían el paso.

Decidirse a conocer la Laguna de Magdalena o “Magalena” como le dice la gente de por allá “arriba”, es una de las mejores decisiones para las personas que les gusta la aventura con riesgos y penurias controladas. Es un viaje de unos 38 kilómetros, que deben ser medidos en función de tiempo: dos horas aproximadamente. Tendrás que recorrer unos 25 km sobre la carretera que conduce a Barillas y el resto en caminos que recorren parte del altiplano de los Cuchumatanes. Si estás en la posibilidad de hacerlo de manera física, o al menos imaginaria, este viaje te llevará por estos caminos de Dios hasta uno de los lugares olvidados y escondidos que Huehuetenango tiene. Realmente cuando llegas allá como que el “huehuetequísmo” se te sube a la cabeza.

Para iniciar el viaje, debes saber que ya sea que vayas a pasar la noche o regresar el mismo día, lo mas prudente es salir temprano. El viaje lo iniciás desde Huehue, te vas para Chiantla, de ahí al Mirador, pasas por la Capellanía y seguís el camino que va hacia Barillas. Vas a pasar frente al comedor “Cuchumatanes” en el cruce para la aldea “El Potrerillo”. A unos dos km máximo adelante de éste comedor, vas a encontrar un cruce a mano derecha, con un micro rótulo que dice: “Cantón Calvario”. Bueno, hasta acá todo calidad! Por cierto, que por cualquier pierde en el camino es mejor preguntar a la gente que seguro vas a encontrar, antes de que sea un poco tarde. Existen demasiados caminos sin rótulos y es fácil tomar el equivocado. Para los que están acostumbrados a las brújulas, estando en el comedor “Los Cuchumatanes” el rumbo de la Magdalena es Nor-este.

lagunacaminoEste camino hacia el cantón Calvario te lleva hasta la escuela del lugar. Aquí como que la cosa se complica. Unos 100 metros antes de llegar a la escuela, hay un camino a la derecha. Este es el bueno. Lo mejor: Preguntar! Este camino te lleva al cantón “Siete Pinos”. Como se hizo una división de la tierra que antes era comunal, alguno de los propietarios ha cercado o al menos marcado sus “montones”, por lo que han dejado mas o menos delimitado el camino. Con un poco de imaginación seguro lo encontrarás.

Al llegar a Siete Pinos mejor pregunta por donde se va a la Magdalena porque así es mas fácil. Ya habiendo tomado el buen camino vas a darte cuenta que es un boceto sobre piedras. El camino es terrible, pero lo compensa el paisaje que vas viendo, porque ya estás en la pura meseta de Los Cuchumatanes, a unos 3,500 metros promedio sobre el nivel del mar. El sol y el aire literalmente queman, vas a poder ver una serie de casas típicas del area, hechas de madera y adobe.

Un buen inicio de que vas por el camino adecuado es cuando llegas a la zona llana: “Los llanos de Sajualá”. Sobre el camino tendrás que manejar otros dos kilómetros antes de llegar a otro desvío. La última vez había un rotulito que indicaba la dirección a un caserío cercano. El buen camino es otra vez a la derecha. Por cierto que por estos llanos es donde dicen haber visto al OVNI.

lagunacascadaEl otro punto de referencia de que vas OK es que tenés que estar llegando a unos 15 o 20 minutos a un caserío que es parte de la aldea Tunimá. Aquí vas a encontrar una bajada que cuando venís de regreso se convierte en subida y en invierno es difícil para superarla. Si estás pensando en ir, no lo hagas cuando ha estado lloviendo. Fácil dejas el carro una semana varado por ahí. Seguís el camino, y aquí como que se va a poner un poco difícil para el carro. La carretera después de Tunimá ya no tiene mucho lodo, pero si piedras como para ser el paraíso de una cementera. Ojalá que no! A unos diez minutos de Tunimá vas a encontrar otro llano, solo que más pequeño e inmediatamente otro caserío que se llama “Siete Lagunas”.

Ya aquí no hay mucho pierde. Un solo camino y un solo destino. En éste tramo ojo con los árboles de los lados porque podes ver algunos “pacaches” o “árboles de navidad” o “Abies guatemalensis” que púchica mano! Si deveras son grandes! El camino, para no hablar mucho, sigue tradicional: piedras a lo grueso o mas bien a lo pesado. Llegas a la Magdalena en unos 20 ó 30 minutos.

La aldea es realmente bonita. Casitas de madera, siembre de avena, rebaños de ovejas y gente curiosa y buena onda. Al llegar es casi que religioso que preguntas por la casa de doña Shila. Es una amable señora de saber cuantos años, muy hospitalaria. Dueña del molino, tienda, posada nocturna y diurna, abuela de saber cuantos nietos y platicadoraza. Aquí podes dejar tu carro, preparar tus cosas y tu persona para caminar un par de kilómetros.

Ya con la información de doña Shila y asociados, empezó a caminar para abajo y en unos 20 a 30 minutos estaré en la laguna. Recordá que estás a mas de 3,000 metros sobre el nivel del mar, por lo que si te sofocas no es de extrañar. Antes de llegar a la laguna, vas a caminar un poco a la orilla del río que la forma y que se llama igual. Por cierto, este nace a la entrada de la aldea. Agua friísima!

Y al fin llegás, la famosa “Laguna de la Magdalena”. No es tan grande. Un diámetro de unos 300 o 400 metros. Relativamente profunda, como 8 a 10 metros, con gran cantidad de plantas acuáticas en el fondo. Si es verano, con una playa digamos que grande, pero si es invierno… nada de playa. Al fondo de la laguna un gran peñazcón que en algo se parece a las piedras de Cap Tzín, un poco más pequeño, y que en las caídas del sol le da un aspecto marciano. La laguna es un espejo de agua a mas de 3,000 metros de altura; el color es azul verde turquesa; está en un pequeño vallecito; es silenciosa, para quienes buscan tranquilidad; y es pequeña. Si vas a pasar la noche, es mejor que levantes campamento al llegar. Vas a encontrar pedazos de madera para leña a los alrededores. No lastimes los árboles!

Habiéndote instalado, es tiempo de explorar. Podes intentar llegar a la punta del peñazcón por el lado derecho de la laguna, regresando un poco por el río. Aguas! que esto quiere de condición, por lo empinado del sitio y por la cantidad de piedras sueltas. Evaluate. Si no, por el lado izquierdo de la laguna vas a encontrar una vereda que te lleva directo al extremo distal de la laguna. El embalse esta formado por una pila de troncos y vas a notar que al pie del peñazcón y como unos 30 metros por debajo del nivel de la laguna, existe un remansoMagdalena de aguas. Es un pequeño cañón, con agua de un color azul turquesa profundo y cabal para fotografía.

Otra parte interesante es que se ha creado una microlina, nada, absolutamente nada que ver con la parte superior de la laguna. Aquí ya crecen los árboles de madrón, musgos, helechos, flores de Quiaquén, incluso hay una gran cantidad de pájaros y mucho más! Aquí tenés para practicar tu espíritu aventurero. Te podrás creer un “Indiana Jones y la Laguna Sagrada de la Magdalena!”  En esta area sigue un río pequeño que le sirve como desagüe a la laguna y el cañon antes mencionado. Si lo seguís caminando con cuidado, al fondo es posible que llegues a ver las piedras de Cap Tzín que están al otro lado de la cuenca del río Quisil que pasará unos 1500 o 2000 metros abajo.

Por último, para pasar la noche tense dos alternativas: Te vas con la Tía Shila y le pedís posada, o bien lo haces en la laguna lo cual es bastante seguro. La gente en la aldea no esta maleada. Es una buena experiencia. Obviamente tenes que haber llegado con la suficiente ropa para aguantar el frío. Mejor si también dispones de una capa ya que por la posición que tiene la aldea y la laguna, es uno de los lugares mas húmedos de los Cuchumatanes y fácil se te deja venir un chaparrón de agua. La neblina es religiosa por eso hay que procurar suficiente leña en tanto haya sol, pero no lastimes los árboles, por ahí hay suficiente, ya caída.

Ya al amanecer, vas a escuchar montón de pájaros! Aprovechá a conocerla y a despertar tu interés y amor por la naturaleza en nuestra tierra. Necesitamos crear nuestra propia conciencia ecológica para preservar estos hermosos lugares!

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Por: Horacio Galindo Castillo

– “A usted papaíto nunca le salió la llorona?”

-” No mijito; los fantasmas no existen; aunque pudiera darse el caso de que algunos vivos, muy vivos, se aprovecharan de ellos para dejar solitaria alguna calle propicia mas que al robo, a la aventura”.

Sin embargo, alguno de mis hermanos mayores, cuando mi padre dejó de salir por las noches y el se volvió asiduo parroquiano a la tamalera (con todo y la esclavina del autor de mis días), regresó a casa tan asustado, que mi madre tuvo que darle una taza de agua de braza apagada, y yo, aun no he olvidado el apasionante relato que hizo, del peliagudo lance que a punto estuvo de dejarlo sin habla.

la-lloronaAcababa de doblar el crucero de aquella temerosa calle de la tamalera y transitaba ya por el callejón cuando oyó en dirección de El Calvario, el terrífico grito de La Llorona: Ay! Juan de la Cruz!

– Porqué Juan de la Cruz? – pregunté inmediatamente a mi madre. – Porque fue una muchacha muy linda que cometió el error de enamorarse de un hombre con esposa, y por ello sufrió el castigo de ir penando noche a noche en busca del seductor, que fue llevado a los infiernos. Vaya! -dije- Qué delicados eran entonces! -Pero calla – prosiguió mi madre- y deja que tu hermano acabe de contarnos lo ocurrido.

Pues bien, llegaba yo felizmente a la esquina de don Evaristo Sosa, en cuyo poste brillaba un foco del alumbrado. Aquella oportuna claridad, le dio ánimos para echar un medroso vistazo hacia atrás. Vio entonces en la esquina que acababa de cruzar, algo así como el velo blanco y vaporoso de una desposada. Parecía surgir del cielo y se fue alzando silenciosamente, hasta alcanzar la altura de los techos vecinos.

Mi hermano comenzó a sentir la lengua pastosa y cada pie se le fue pegando al suelo, igual, igual que si calzara botines de plomo. Pero en ese instante empezó a sonar el clarín del corneta, que desde el último piso de la torre del reloj exhalara su vibrante y alargado tu…tu…ruuu…tu…tu…ruuu!!! Estaba pues en tiempo! Y así, no había derecho! Lo que permitió poner pies en polvorosa y ganar a velocidad de campeón olímpico, el anhelado zaguán de casa y zarandear el picaporte de mano de león, todo bañado en un sudor muy frío.

La-Llorona
Escena de la película “La Llorona” 1933 · Imagen con fines ilustrativos.

A mi tío el Coronel, fue otro fantasma el que se le apareció, mientras se hallaba precisamente en el ejercicio de las armas. Era por entonces Mayor de la Plaza de la Cabecera, y fiel cumplidor de sus obligaciones, había dado en la costumbre de capitanear a ronda que noche a noche y con los fusiles a la bartola, recorría las calles apacibles de la población.

En el curso de una de las tales vigilancias, acertó a pasar por la calle real del cementerio, entrando así automáticamente aunque sin darse cuenta, en los dominios de otro de los señores de la noche y el misterio. Allí estaba por cierto tamaña autoridad, sentada tranquilamente al borde de la banqueta. – Vaya usted Sargento a averiguar que hace ahí ese perro tan grande y tan negro, sentado en la acera con el aire de que fuera un vecino tomando el fresco!

Pero ya el corpulento animal se acercaba a ellos moviendo la cola en señal amistosa, aunque para mantener el incógnito, lo hiciera caminando con los ojos cerrados como puños. Confiadamente se dejó examinar por todos los individuos de la tropa. – Es un perro de San Bernardo comunal de Don Arístides Sosa -opinó el Cabo. -Yo más bien creo que es un ternero -replicó el Sargento- Un ternero grandote o sea un torito algo pequeño!

– A ver! terció mi tío el Coronel. – Parece robusto; manso por añadidura. Veamos si puede conmigo! Y montó con espada y todo sobre los lomos de la bestia. Al punto, ésta echo a correr llevándolo encima con igual soltura que si se tratase de una pluma.

Y como tomó la calle de El Boquerón que siempre está mal alumbrada, tuvo que encender sus silvines delanteros a fin de alumbrarse el camino. Mi tío a pesar de ser un militar valeroso, vio con espanto que la luz de aquellos fanales era roja. – Entonces -pensó- no era un perro, sino que me está llevando el Cadejo! El proceloso canídeo debió leer su pensamiento porque al punto se apresuró a decir: Afirmativo mi Coronel! Afirmativo!

Y sin aminorar la marcha, se puso al trote largo, con lo que mi tío creyó llegada su última hora. Ningún auxilio podría esperar de sus atónitos acompañantes, temerosos de disparar los ratacos, no fuese a hacer blanco en el jinete en vez de hacerlo en su montura. Mas el Cadejo se apresuró en este punto a tranquilizarlo: “Recién me doy cuenta que usted no es católico, sino evangelista, y contra ustedes no tenemos pleito alguno. Conque sírvase perdonar el susto, y que tenga usted muy buenas noches”. Y sin más preámbulo lo tiro de cabeza en un basurero.

Siendo yo un arrapiezo de pocos años, le pregunté un día al marcial y apuesto hermano de mi madre: -Es cierto tío Juan, que a usted lo espantó el Cadejo? -Tonterías! -me respondió- Quién te lo contó? -Me lo contó un pajarito… -Pues dile a tu pajarito, que más parece una pajarito a la que te pareces mucho, que si en lo tocante a esta patraña vuelve a abrir su piquito, etc, etc, etc.

Mas el hecho es, que un vivo carmín coloreo sus mejillas y discreto temblor espelucó su blanco y bien recortado bigote.


Dr. Horacio Galindo Castillo (+) · Fue un escritor y poeta Huehueteco. 

GumercindoCoverHuehuetenango cuenta con una gran lista de compositores que han dado vida a muchas de las más conocidas melodías tradicionales de Guatemala. Uno de ellos Gumercindo Palacios Flores. Destacado músico que nació en la aldea Jumaj dentro de la cabecera departamental de Huehuetenango el día 9 de Julio del año 1904. Hijo de Juan José Palacios y Vicenta Flores.

Don Gumercindo se sintió llamado a los círculos musicales, y específicamente a los de la marimba, apenas a los diez años de edad, actuando por vez primera en el conjunto que en aquel entonces se llamó “Las Chorchas”. Debido a su excepcional talento musical, muy pronto fue llamado por otros dos grandes Maestros del Conservatorio los hermanos Eliseo y Simón Castillo para integrar el conjunto de marimba “Andina” en donde actuó por varios años. Cuando tocaba en dicho conjunto y a la edad de solamente doce años tuvo la inspiración para crear su primera melodía “Sueños amorosos”.

En 1921 toda su familia se ve obligada a emigrar a México, al estado de Chiapas y durante los siguientes 18 meses para poder sobrevivir, él junto a su padre y hermano Leandro fabricaron una marimba propia con madera que fue posible encontrar en la localidad. Este instrumento fue el que con el tiempo se convertiría en el famoso y célebre conjunto de marimba “Río Blanco” o de “Los Hermanos Palacios”.

GumercindoPalacios
Gumercindo Palacios Flores

Al retornar del exilio, Gumercindo Palacios se enamora y contrae matrimonio con quien fuera su compañera de toda la vida Doña Soledad Chávez de Palacios, en quien fuera inspirado el vals “Soledad”. Un tiempo después escribió la pieza “Lagrimas de Telma” que por muchos años y hasta la fecha es una de las melodías favoritas del auditorio guatemalteco y ha sido interpretada y grabada por diversos conjuntos musicales del país a través de los años y por ello también escuchada en todos los ámbitos de la república como si se tratase del himno sentimental de la marimba.

Más tarde, Don Gumercindo recibió clases de solfeo con otro de los prominentes talentos musicales el Maestro Jesús Tánchez lo cuál le sirvió para extender su repertorio musical. Muchas de sus sensitivas melodías fueron dedicadas a familiares, amigos, entidades o eventos sobresalientes de Huehuetenango, destacando entre muchas “Migdalia Azucena”, “Aura Marina”, “Nora Zilda”, “Flor de Luz”, “Himno a las Fiestas Julias”, “Olímpico”, “Mayra y Sergio” y el que sería un homenaje póstumo a su compañera de toda la vida “Flores para mi Cholita”. Incluso en cierta ocasión y después de haber estado gravemente enfermo, compuso el blues “Los Jorges” el cuál creó en gratitud a tres eminentes médicos de aquella época (Jorge Altuve Arriola, Jorge Vides Molina y Jorge Calderón Taracena) quienes lo atendieron . Además en su extenso repertorio de creaciones existen también algunas piezas de música con estilo autóctono, de las cuáles se distinguieron “Loro y pájaro”, “El Chepus” y “Los leoncitos”.

GumercindoFCDurante toda su trayectoria artística fue reconocido por instituciones locales, regionales y nacionales como uno de los mas prominentes talentos de Guatemala ya sea como músico, compositor o ejecutor de la marimba. Uno de los más destacados reconocimientos de la época fue el que otorgara en el año 1978 el Canal 11 de la Televisión Nacional a través del desaparecido programa “Campiña” que era en aquel entonces el más importante para la difusión cultural y el entretenimiento en todo el país. En dicha ocasión se transmitió un programa especial desde la ciudad de Huehuetenango acerca de él, su vida y su composición “Lágrimas de Telma”.

En 1982 fue también homenajeado en el V Festival Nacional de Marimbas y en ese mismo año la Asociación Guatemalteca de Autores y Compositores le condecoró con la Medalla de Oro. En aquellos años las comunicaciones digitales y globales no eran siquiera algo imaginable y la en cambio la difusión radial era lo que determinaba la importancia de los eventos en el país o fuera de él. Es por ello que cuando los guatemaltecos residentes en Estados Unidos también rindieron homenaje a Don Gumercindo Palacios, aquel evento fue considerado de gran relevancia para lo que era posible alcanzar en la época. Lo que equivaldrá ahora a un “trending topic” en el Tweeter probablemente. Esto sucedió en el programa “Esta es Guatemala” en Los Angeles California a través de Radio Coffee y Radio Recuerdos, ambas de carácter latino. Dicho programa fue retransmitido por diversas emisoras locales y nacionales. Debido a su larga trayectoria, reconocimientos y como una persona destacada para la comunidad huehueteca la Corporación Municipal de Huehuetenango le dio el título en 1986 de “Ciudadano Excelente”, como un ejemplo del aporte de su talento e inspiración personal a la música nacional y la vida de cada guatemalteco.

Fue precisamente en aquel año de 1986 que el insigne músico, compositor y marimbista falleció, dejando un vacío irremplazable en los círculos musicales y por supuesto familiares. Huehuetenango vio así partir a unos de los últimos genios musicales que ha dado el departamento. Muchos homenajes llegaron posteriormente a su muerte. Tres días de duelo fueron decretados por el Gobierno Central y en la ciudad cabecera de Huehuetenango el pabellón fue izado a media hasta. En un acto oficial se proclamó el Acuerdo Municipal donde se le declaraba “Hijo Predilecto de Huehuetenango”.

Como legado de su inspiración, talento y amor por la música quedan hoy todas las composiciones que se escuchan de generación en generación en diferentes emisoras en todo el país y fuera de él, cuando un guatemalteco vuela con su sentimiento a través de todas las emociones que le produce Guatemala, al escuchar la marimba con las melodías del huehueteco Gumercindo Palacios Flores.

“Lágrimas de Telma” · Composición: Gumercindo Palacios Flores – Letra: Adalberto Herrera Castillo

Interpretación: Marimba Chapinlandia

Qué gratos son los recuerdos,
cuando se tuvo un querer,
una ilusión, un sueño
que hoy, nos habla del ayer. 

Qué tristes son para el alma
las notas de una canción,
cuando llegan en la calma
a perturbar el corazón. 

Recordar algún querer
es otra vez volver a amar,
recordar es perdonar,
es suspirar por el ayer. 

Comprobar con ilusión
que al corazón le pertenece,
recordar también es insistir,
es seguir siendo fiel hasta morir!

Ay corazón!, te sientes triste,
porque ya no existe
aquella ilusión.
Ay corazón!, por eso mi canto
es el llanto de la evocación. 

 


Artículo escrito con información que concedieron en entrevistas personales algunos familiares de Don Gumercindo Palacios. 

Por: Rolando Villatoro

Mucho se ha distingido Huehuetenango por su música y por sus músicos. sus municipios, no son la excepción en cualquiera de los casos. Así, se puede mencionar a don Emilio García Herrera -oriundo de San Pedro Necta-, don José Ernesto Monzón -de Todos Santos Cuchumatán- o don Mario Herrera -de Jacaltenango. Existe, como ellos, una larga lista de muchos otros que han existido e incluso algunos que existen en nuestros días.

Hace ya muchos años, por la década de los setentas, me interese por ir conociendo algunos municipios del grandioso departamento de Huehuetenango. Aquella era mi idea, sin embargo, para mi satisfacción pude llegar a conocer los treinta y un municipios que componían el terruño. Ahora son 32, desde hace apenas un par de años.

Dentro de todos ellos, en esta oportunidad quiero referirme a uno que me llamó mucho la atención. Y esto porque con franqueza y según mi experiencia personal, los habitantes del lugar, más que cualquier otro aspecto son muy entusiastas y bastante educados, pero además emprendedores en sus afanes, alegres y sobre todo muy dedicados a la música. Me refiero al municipio de San Antonio Huista, en donde conocí a una familia de apellido Gressi, de la cuál destacaba ya en Huehuetenango un gran cantante, posteriormente Maestro de Educación. Estoy hablando del recordado Roberto Gressi.

Pero más aun, quiero destacar la existencia de un conjunto de marimba llamado Tecún Umán, muy destacado. Dentro de este grupo puedo citar a los señores: Matilde Martínez, Refugio Gómez, Isaías Camposeco y Mario Herrera; fecundos compositores que dejaron lindas melodías que nunca pasan de moda para los amantes de nuestro instrumento nacional, podemos citar las famosas: “Olga Marina”, “La mocosita”, “Tristezas de Roque” y muchas otras mas.

Para conocer mas sobre este grupo musical, me he acercado a conversar con don Juanito Gutierrez Ambrosio, quien también fuera integrante de aquel conjunto musical, y nos dijo: “Pues la historia de la marimba Tecún Umán es muy grande. Desde que tengo uso de razón, la marimba ya existía, aun así pude darme cuenta de quienes eran sus fundadores. A i me llamaron cuando falleció el señor Edgar Ambrosio, es ese tiempo la integré con varios jovencitos de la época.

Yo estuve como unos veinte años integrándola, hasta que me retiré de mi trabajo en Salud Pública. Los demás también fueron tomando su rumbo, unos se fueron a la capital o a otros lugares del país. La marimba se quedo abandonada. Además en aquel tiempo la situación política que se vivía contribuyo con ello. La guerra en Guatemala nos provocó desapariciones y varios muertos entre ellos Bartolo Funes, Aurelio Camposeco y Gustavo Funes”.

“De las melodías inspiradas por integrantes de estas marimbas y compositores Huistas sobresalen: “Quién es quién”, “Juanito”, “Tristezas de Roque”, “Linda Kelly”, “Linda Güerita”, “Cantas llorando”, “Sola tú” y muchas más. En fin, usted sabe que los años van pasando y se van sufriendo cambios, se conforman hogares, etc. Así, si no estoy equivocado la marimba se termina en 1981″.

Este conjunto de marimba llegó a tener una gran fama. Fue por ello que un grupo de personas que conformaban la Fraternidad Toneca en la ciudad de Guatemala hizo los arreglos para que se grabaran dos preciosos  discos de larga duración que era lo que podía hacerse en aquel tiempo.

UnionMayaEn los años 90 surgió otra marimba llamada “Unión Maya” la cual podría considerarse la sucesión de aquella escuela de maestros de la marimba que se llamó “Tecún Umán”. algunos ejecutores de “Unión Maya” fueron Gilberto Martínez, Rolando Camposeco, Emidio Camposeco, Rosaldín Camposeco, Jorge Castellanos, Manuel Rivas y Leonel Escobedo.

Al final de la conversación, don Juanito Martínez agregaba: “Quiero felicitar a la Revista NOSOTROS, y como sé que algunos ejemplares llegarán a los Estados Unidos, aprovecho para saludar a los coterráneos, que no se olviden de nosotros. Envidio, Clemencia y mis hijos en Nuevo México y La Paz, Baja California.”

Así terminó aquella entrevista, y yo insisto que hay grandes recuerdos acerca de esta marimba de los años setenta. Hasta pronto Gente de Huehue.


Edgar Rolando Villatoro · Abogado y Notario. 

Artículo publicado en Nosotros la Gente de Huehue · 1997

MI LINDA KELLY · MARIO GILBERTO HERRERA CANO (+)

TRISTEZAS DE ROQUE · MARIO GILBERTO HERRERA CANO (+)