Reloj de la Torre Año 1954
Año 1954 Parque Central · Foto: NuestroDiario

Por: Ernesto Mérida. 

Centinela incansable de todos los minutos de las horas, de los días y de las noches insondables, misteriosas, románticas y trágicas. Bulliciosas y calladas. Oscuras o bañadas con los rayos nocturnos de la luna.

Centinela de auroras matinales, llenas de rocío anunciando la ternura de los rayos del sol, que como novio siempre le pide permiso a “Huehue” para acariciar su tierra. Romántico reloj del pasado siglo, celador que repicas con tu campana saturada de recuerdos, desde los quince minutos de la primera hora, hasta las doce de la noche, marcando así la vuelta redonda a todo su ciclo. Te quedás velando “ojo pelado”, mientras miles de parroquianos de toda estirpe, duermen, velan, serenata, sufren, cantilena, gozan, nacen, mueren, pasean o madrugan para salir de viaje.

Reloj amado de mi vetusta torre encantada frente a la Concha que guarda más melodías entre su enroscada arquitectura, que todos los recintos de la tierra.

Concha que dormís a la espera de las ocho campanadas de la noche para iniciar a los que velan, serenata, sufren, cantilena, gozan, nacen, mueren, marean o madrugan para salir de viaje.

Reloj amado de mi vetusta torre encantada frente a la Concha que guarda más melodías entre su enroscada arquitectura, que todos los recintos de la tierra. Concha que dormís a la espera de las ocho campanadas de la noche para iniciar los días Jueves y Domingos, la fiesta de marimbas de los conciertos que reúnen a todas las traídas del pueblo y sus alrededores. Sean éstas gordas o “soyencas”, altas o aplastadas, jóvenes o vetarras, blancas o morenas, graciosas o malcaradas, colochas o pashtudas. De abrigo o de rebozo. Encumbradas o sencillas. Del Terrero, Minerva, El Calvario, Coyumpá o de Cambote. Del Río de las Culebras, las Lagunas, chinaqueñas o de Jumaj. De la Cal, de Posh, de la Estancia, Shetenam o de Sarchil. De Canshaque o lo de Hernández.

Campanita inolvidable del relojito de mi vieja torre que anunciás la hora del día más alegre de la fiesta…

O marcás la hora trágica de salir de un féretro camino al camposanto, donde ya ningún oído retomará el tiempo de la vida. Campana dictadora, capataz solemne del tiempo controlado, dueña de ilusiones perennes y de sufrimientos pasajeros. Quebradora de voluntades pero hacedora de esperanzas. Campana! Campanita de mi torre. Oyéndote en el recuerdo de esas lejanas noches solitarias, que evoco el tán tán de tus horas vespertinas, despertás en mí la nostalgia de las grandes campanadas de los repiques de la iglesia centenaria y quejumbrosa, conocedora de los secretos de las almas pecadoras que anuncian la cita para una misa cantada por el que ayer fuera compañero inolvidable “canchinflin” y hoy todo un respetado y fiel obispo enfundado en su solamente atuendo.

Centinela de las horas. Alto reloj de repiques cotidianos. Te le quedás viendo al parquecito con sus ancianos truenos, sus bancas y su mapa en relieve, dueño de la buganbilia, refugio de los chismosos viejos, donde se fabricaron los mas chispudos chistes, que hicieron sonreír hasta a la finadita “Tía Beba”, la viejita que le vendió fruta a cien generaciones de ishtos de la escuela de Don Javier. Inolvidable y querido. Campanita dulce y tierna, madrugadora siempre. Centinela de mis lejanas horas. Me dolés en la ausencia de mis oídos, mero me llenas de ilusión tranquila, cuando pienso que un día volveré a escucharte. Campana amada del reloj de la torre de mi tierra.


Ernesto Mérida. Poeta y escritor huehueteco.

Artículo publicado en Nosotros la Gente de Huehue en el año 1998.

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