Por: Arnoldo Tánchez Palacios

– Alfredo, nuestro hijo está necesitado de zapatos.

– Comprálos con don Manuel Alvarado o con don Jacinto Sosa, que la misma cosa da.

– Y será que no hay mas baratos en otro lado?

– Claro! Como no, podés visitar si querés ahí donde don Pedrito Recinos.

– Güeno, en fin a ver que hago…

Es este quizás un simple e imaginado diálogo de esos que pudieron escucharse en alguna vivienda de la antigua “Estación” de la ciudad de Huehuetenango. Exactamente pensemos en el Cantón Concepción, cuando ni remotamente se oía el concepto de la numeración de zonas. Posiblemente se remonta en tiempo a la década de los años cincuenta. Era en aquel entonces el Huehuetenango de la época romántica, cuando por las festividades de la Semana santa, Fiestas Julias -que en tanto se llamaron Fiestas del Carmen- Navidad y otras mas, los padres de familia visitaban afanosamente las zapaterías, que en realidad no eran otra cosa que verdaderos talleres de artesanía y en los cuales hacían sus encargos delos correspondientes zapatos, especialmente cuando aquellos greñudos estudiantes de primaria o la llamada “secundaria” tenían que formar parte del desfile del mes de Julio. Era tradicional que para dicha actividad -y muchas otras más- se observara similar desfile, pero era éste el que los vecinos del antaño pueblo practicaban al visitar los almacenes de don Manuel Alvarado, don Jacinto Sosa, don Pedro Recinos y otros tantos talleres que enrealidad se formaron de los mismos talleres de los primeros almacenes ya descritos y que eran de los pocos, a mediados del siglo pasado.

Muy poco se conocía entre nosotros sobre zapatos de fábrica y lejanamente de zapatos tenis; la modalidad de los zapatos resultaba creada de las cuchillas, las maquinas, los martillos, las tenazas y las agujas de los operarios quienes ocupaban pequeños asientos y frente a ellos se exhibían sus mesas repletas con clavos e hilos que transformarían los cortes de cuero en prácticos zapatos de color negro, café o blancos según el gusto del cliente.

zapatos2– Y cómo va a querer sus zapatos, cosidos o clavados? Preguntaba don Pedro Recinos.

– Yo digo que clavados. Más seguros, verdad?

– En qué color?

– Negros, se ven mejor don Pedro. Y se manchan poco.

– Muy bien!

– Y… para cuando estarán?

– Déjeme ver, se los entrego… para la otra semana.

– Al mismo precio de los anteriores don Pedro?

– Así es. Al mismo precio. Claro!

Era común escuchar esas o parecidas conversaciones en las zapaterías de la ciudad de Huehuetenango: La de don Chente Palacios, don Candelario Sosa, don Enrique Sosa, quienes extraían de sus mejores horas del día los pares de zapatos para los vecinos de la tierra huehueteca. Durante varias décadas fueron decenas de operarios los que conocieron y convivieron con aquel ambiente que pintaban las mañanas y tardes de oficio en la zapatería. La alegría llegaba cada Sábado, por la tarde, cuando el patrón les llamaba para cancelar la semana de trabajo.

Desde la fundación de la ciudad, como tal -o cabecera municipal- la artesanía de los zapatos, junto a otras labores, fueron incipientes en la economía de los hogares huehuetecos. De ahí nacieron almacenes o ventas de zapatos para todas las edades. Estos almacenes a su vez tenían sus propios talleres dentro de los cuales una gran cantidad de personas aprendieron el arte, para luego ser excelentes zapateros. Muchos, supieron trabajar para vivir bien de ésta artesanía, y otros continuaron trabajando para alguna propietario de zapatería.

Esta labor se alargo hasta los años setenta, cuando intempestivamente apareció en el mercado la fuerte competencia: el calzado de fábricas de la ciudad capital y entonces los operarios de otras épocas se ven obligados a hacerse de otros empleos. Hoy en día pocos son los que subsisten entre ellos el señor Chepe Rivas y también la zapatería de don Enrique Sosa y don Goyo. También quedan aun unos pocos y pequeños talleres que se dedican a trabajar en este humilde pero noble oficio, pues poco a poco se ha reducido, porque raras veces pensamos en adquirir un par de zapatos hechos a mano.

zapaterosTodo ha quedado escondido en la memoria de aquellos enseñadores o alistados, los que llegaron primero como “aprendices” -felices ganadores del pago que les aseguraba la entrada al cine del fin de semana- a los talleres en que se acostumbraba emplear a los estudiantes en la época de vacaciones, ya sea para la limpieza de cada tarde o los mandados del negocio.

Antiguos mostradores, mesas pequeñas de trabajo, cigarrillos, bancos, figurines, hasta los canastos para la refacción de los operarios; todo permanece guardado dentro de los recuerdos de viejos calendarios que ya no existen.

Todos aquellos personajes, artesanos de la zapatería en Huehuetenango, son parte de una historia de trabajo labrado, todo un símbolo del acontecer cuasi romántico, de una época de valores memorables al recuerdo.

Lo que pueda escribirse del oficio de la zapatería en Huehuetenango, es apenas una breve crónica sobre los obreros de este arte. Y los espejos o vitrinas que exhibían los zapatos “hechos a mano”, son ahora un apunte nostálgico, tal vez porque los protagonistas de esta historia poco a poco nos van dejando. Aun así, este oficio formará parte de la cultura de los huehuetecos, por ello hay que recordarlo y guardarlo en nuestra historia.


Arnoldo Edilberto Tánchez Palacios (+) Fué un periodista, escritor e historiador huehueteco. 

Artículo escrito para Nosotros la Gente de Huehue · 1997

Artículos similares

584